sábado, 9 de octubre de 2010
Otoño
No se qué tiene el otoño para ponerme tan triste. Pero el caso es que me gusta. A veces me da miedo darme darme cuenta de que en el fondo disfruto regodeándome en mi nostalgia. Hoy soy la chica de la mirada gris. Y tengo fiebre... puaj.
domingo, 3 de octubre de 2010
Cosas que pasan
A veces pasan cosas
que quedan en el olvido.
A veces las recuerdas.
Otras veces las vomitas.
Otras veces te las bebes
y te emborrachas.
A veces hay cosas
que nos vienen al oído
y no son susurros.
Son suspiros.
que quedan en el olvido.
A veces las recuerdas.
Otras veces las vomitas.
Otras veces te las bebes
y te emborrachas.
A veces hay cosas
que nos vienen al oído
y no son susurros.
Son suspiros.
Lo que necesitas es crear

Viernes por la noche. Entras y todo es movimiento. Gente que va y viene. Probando, probando, un, dos. La exposición está al fondo. Niños. Cuadros. Amigos. Cerveza. No fumar. Humo de tabaco. Un buitre disecado. Tienda gratis. Hip hop. Flamenco. Teatro. Dos niños mueven sus cabecitas de un lado a otro mientras un skater se desliza de un lado a otro de la pista de madera hecha a medida. Grafitis. Huerto ecológico en jardineras. Botellón. Gente que escala por la pared. Barra del bar. Comida, color, música, arte… cultura. Y para hacer y divulgar cultura hace falta un espacio. Y en Madrid el espacio es la antigua fábrica de Tabacos de Lavapiés, La Tabacalera (Centro Social Autogestionado).
En febrero de 2011 termina el contrato que el Ministerio de Cultura firmó con una plataforma de vecinos de este barrio madrileño y no se sabe lo que va a pasar. Desde la coordinación me dicen que no harán tanta protesta como un ejercicio de estrategia y negociación. Pero han demostrado que tienen las cosas claras, que quieren cultura libre, copyleft, top manta, menos comisarios y más libertad de exposición. Más igualdad de oportunidades, tanto para los que crean como los que acceden a esas creaciones. Y lo demostraron la semana pasada cuando, manteniendo firmes sus principios, consiguieron que Alejandro Sanz no grabara su último videoclip allí, porque Alejandro Sanz está en contra de la cultura libre y fue uno de los artistas españoles que no firmaron la petición de despenalización del top manta. Y mira que me duele, porque hace unos años yo era super fan del cantante…
Sin embargo, pese a todas las actividades de este centro social y cultural, único en la capital de nuestro país, la Ministra González- Sinde, no ha ido ni a darse una vuelta para ver qué se cuece en La Tabacalera, sólo a dar una rueda prensa para decir que en febrero empezarán ya con las obras del futuro Centro Nacional de Artes Visuales, que deberían estar terminadas en el año 2012. Sinde dijo en agosto que además de los proyectos de fotografía y video gestionados por el Gobierno, habría otras actividades por iniciativa ciudadana pero sinceramente lo veo complicado teniendo en cuenta los diferentes objetivos que persiguen la Ministra y los coordinadores del centro. Y tampoco creo que los vecinos de Lavapiés accedan a compartir espacio con gestores culturales de lo que probablemente quedará reducido a un museo o pasará a las manos de un banco, como pasó con La Casa Encendida.
Este rollo que he soltado probablemente no te interese, pero como pienso que la cultura es muy importante para la formación de la ciudadanía, y además me gusta la gente creativa y con ideas que intenta administrar su locura creando, quería compartirlo con vosotros. Porque creo que si se suspenden las actividades de La Tabacalera se dará un paso atrás. Y este centro debería ser un ejemplo para el resto de ciudades españolas con un circuito cultural activo. Porque sin espacio no hay cultura.
NOTA: Aprovecho para promocionar la exposición de Juanjo Santos “El perro de Goya” que estará abierta hasta el 10 de octubre en el sótano. Es lo que tiene que no haya filtros comisariales, que locos como Juanjo pueden enseñar a los demás muestras de su locura.
domingo, 4 de abril de 2010
Cuatro hojas

Tengo un trébol de cuatro hojas y dicen que eso trae buena suerte. No me lo he encontrado accidentalmente. El Gabinete de Prensa de Turismo Irlanda me regaló una macetita con cuatro semillas y un poco de tierra. La regué. Una semilla germinó con cuatro tréboles y uno de ellos tiene cuatro foliolos. Es una tontería pero me ha hecho ilusión, es la primera vez en mi vida que veo uno y aunque no creo en estas cosas, estoy segura de que me va a dar mucha suerte. Indagando por internet he encontrado el significado de los cuatro foliolos y me ha encantado el descubrimiento.
El primero es para la esperanza. Y me siento esperanzada, con ganas de empezar de nuevo. Lo veo todo verde, me siento con fuerzas y con ilusión.
El segundo es para fé. No cristiana en mi caso. Tener fe es confiar en alguien. Y necesito que alguien tenga esa confianza en mi, la misma que yo tengo. La misma fé que yo tengo. Comi si fuéramos una deidad.
El tercero es para el amor. Pero para darlo y recibirlo al mismo tiempo. Para amar de la misma manera.
Y el cuarto es para la suerte. En esta no creo mucho. No creo que sea cuestión de suerte sino de convencimiento y de trabajo en todos los sentidos.
Hay gente que me dice que tengo suerte por la vida que tengo, por el trabajo, la familia, los amigos... No es cuestión de suerte, es cuestión de no perder la esperanza, de tener fé y de hacerlo todo con mucho amor... Quizás por eso mi trébol es de cuatro hojas. Él me ha encontrado a mi (aunque lo más probable es que el trébol estuviera tratado genéticamente tal y como he encontrado indagando por la red...).
sábado, 3 de abril de 2010
Niño dormido

Le recuerdo grande, torpe, con el pelo revuelto y ya escaseando, con las camisetas llenas de agujeros por fumar porros, con las manos enormes y cariñosas... Recuerdo su olor y su sonrisa, amplia, franca, su risa poco ruidosa. Sus pasos que más que pasos eran zancadas. El poema que siempre tenía en la boca. La mirada dulce, de perro pachón. El beso que me dio y el beso con el que le correspondí. Las noches mirando las estrellas a través de una ventana en un ático de una ciudad del norte. Pásabamos las horas muertas hablando de cualquier cosa, haciéndonos amigos, queriéndonos, comiendo chucherías, escuchando esa música horrible que le gustaba. Recuerdo su acné. Sus panatalones anchos, su móvil enorme, sus llamadas a las tantas de la madrugada para poner una canción que no decía nada pero que lo decía todo. Recuerdo que estaba enamorada de él. Pero él no lo estaba de mi, aunque me escribiera poemas de amor. Le recuerdo con dulzura, aunque me hizo daño. Hace siete años es el niño dormido en el que pienso ya no a diario. Quizás tiene margaritas en su ombligo y además en sus dedos que se vuelven pan, barcos de papel sin altamar...
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